
Día 1: Garcibuey, Miranda del Castañar y Meandro El Melero.
Al llegar a la zona de la Sierra de Francia, nuestra primera parada fue Garcibuey. Este pueblo es una galería de arte al aire libre, ya que hay una serie de graffitis por todo el pueblo y sus alrededores.
Es un paseo fácil y corto, por lo que se puede hacer con niños y es muy divertido hacer que busquen ellos cada una de las pinturas.
Tras esta parada, nos dirigimos a Miranda del Castañar. Es un pueblo medieval, con una muralla que lo rodea y un castillo. Es muy agradable pasear por sus pequeñas calles empedradas y merece la pena hacer una parada para verlo.
Para acabar el día, nos dirigimos al meandro El Melero, que tiene un mirador desde el que ver esta maravillosa formación geológica.
Día 2: Bosque de los espejos.

Empezamos en día aparcando en Sequeros, desde donde parte una ruta circular de unas 3 horas llamada el Bosque de los espejos durante las que podremos observar varias esculturas. La zona que une Sequeros y Casas del Conde es de bajada, pero tiene bastante pendiente y es, para nuestro gusto, la mejor zona de la ruta, por lo que se puede intentar hacer sólo esta parte si hay poco tiempo o los niños no aguantan tanto tiempo, ahora sí, tened en cuenta que no es una ruta fácil para ir con niños que no estén acostumbrados ni es apta para carritos de bebé.
Las esculturas que más nos gustaron fueron los mochuelos y todo el recorrido de Casas del Conde, señalizado con las preciosas efímeras magenta.
Por esta zona, hay varias rutas de arte y naturaleza en las que ver esculturas en medio de los bosques. Nosotros sólo hicimos ésta, pero vimos otra llamada Camino del agua, de características similares.
Después de reponer fuerzas con un picnic, nos dirigimos a La Alberca, el primer pueblo de España en ser declarado Conjunto Histórico. Es un pueblo de casas antiguas, calles de piedra y recovecos muy bonitos. Su plaza es muy bonita y veréis un montón de comercios con productos típicos de la zona.
Día 3: Ciudad Rodrigo y Mogarraz.

El tercer día por la Sierra de Francia condujimos hasta Ciudad Rodrigo. Este pueblo se caracteriza por su preciosa muralla, que lo bordea completamente, pero que no podrás ver desde una vista total a no ser que sea desde el aire. Es bonito, a nosotros nos coincidió con la fiesta del Carnaval del Toro y había varias calles cerradas, incluida la plaza principal, por lo que lo tuvimos que ver a medias.
Desde allí, partimos a Mogarraz, un pueblo que tiene en la fachada de sus casas la cara de todos sus habitantes. Cuando en los 60 se hizo obligatorio el DNI, fue más fácil enviar un fotógrafo a fotografiar a todo el pueblo que movilizar a todo el pueblo hasta la capital, Posteriormente, estas fotos se utilizaron para pintar las fachadas de las casas, quedando un recorrido por el pueblo muy bonito y original.
Día 4: Candelario y Béjar.
Candelario fue nuestra siguiente parada. Es un pueblo pequeño, por el que merece la pena caminar, ya que, por todas sus calles, se oye circular el agua por sus conductos, creando un efecto de otra época.
Acabamos nuestro viaje por esta zona conociendo Béjar. Habiendo conocido pueblos con tanto encanto por la zona, para nuestro gusto, Béjar no destacó especialmente. Aún así, aprovechamos para dar un paseo y conocerlo.
